6402 Razones para no olvidar: El costo humano de la "Seguridad Democrática"
Introducción
En el imaginario colectivo de Colombia, la "Seguridad Democrática" se erigió como la salvación nacional. Para muchos, fue la época en la que "se podía volver a viajar por carretera". Sin embargo, detrás de ese discurso de mano firme y autoridad, se escondía un engranaje burocrático letal. Lo que se presentaba como éxito militar era, en miles de casos, un mercado de vidas humanas diseñado para alimentar una estadística de victoria.
La métrica del horror
La tragedia de las ejecuciones extrajudiciales no fue un error individual de "manzanas podridas". Fue el resultado de una política institucionalizada. Directivas ministeriales, como la 029 de 2005, priorizaron las bajas en combate por encima de las capturas.
Al interior de las brigadas, se instauró un sistema de incentivos: días de descanso, ascensos y medallas a cambio de cuerpos. Este diseño convirtió el conteo de cadáveres en la única métrica de eficiencia, deshumanizando la guerra y convirtiendo al ciudadano en un objetivo para cumplir metas de gestión.
El perfil de las víctimas
Las víctimas no fueron combatientes caídos en la intensidad del conflicto. Eran campesinos, jóvenes con discapacidad cognitiva, desempleados y personas en situación de vulnerabilidad. Eran ciudadanos a los que la sociedad ya les había dado la espalda mucho antes de que el Estado les apretara el gatillo. Fueron engañados con promesas de empleo, transportados a zonas alejadas y asesinados para ser presentados como "guerrilleros dados en baja". Sus uniformes, a menudo nuevos y mal puestos, y sus botas al revés, se convirtieron en el símbolo de una infamia que no se pudo ocultar para siempre.
El rol de la JEP en 2026
A estas alturas del 2026, la justicia transicional ha sido el faro que permitió ver la magnitud del abismo. Mientras que las cifras oficiales iniciales hablaban de 2,248 casos, las investigaciones rigurosas de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) confirmaron que la cifra de 6,402 es una verdad judicial ineludible. Este tribunal ha permitido que los máximos responsables reconozcan su autoría frente a las madres y familiares, transformando el dolor en un proceso de verdad que las cortes ordinarias nunca alcanzaron.
Conclusión
Olvidar es permitir que el horror encuentre el camino para regresar. Este análisis no nace del odio, sino de la imperiosa necesidad de memoria. Un país que ignora sus fosas comunes está condenado a caer en ellas nuevamente. La paz no se construye sobre el silencio de los muertos, sino sobre la palabra valiente de quienes exigen justicia.
Deja tu opinión: ¿Crees que la verdad revelada por la JEP es suficiente para sanar las heridas del país, o necesitamos reformas estructurales profundas en nuestras fuerzas armadas?

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