El Mito del 'Influencer' Paisa: Por qué Medellín necesita más Creadores y menos Vitrinas
Mientras el Valle de Aburrá se llena de cámaras y trípodes persiguiendo la viralidad efímera, la verdadera economía digital se nos escapa entre los dedos. Un análisis sobre la diferencia entre ser famoso y ser rentable.

Caminar por Provenza o el Parque Lleras en 2026 es asistir a un set de grabación a cielo abierto. Cientos de jóvenes (y no tan jóvenes) repiten bailes de TikTok o graban "sketches" de humor forzado con la esperanza de que el algoritmo los bendiga con 15 segundos de fama.
Es la fiebre del oro del siglo XXI. Pero como en toda fiebre del oro, los que más ganan no son los que cavan, sino los que venden las palas. En este caso: Meta, ByteDance y Google.
La Trampa de la Vitrina
En Medellín hemos confundido dos conceptos vitales: Visibilidad y Autoridad.
El modelo del "Influencer Paisa" promedio es una Vitrina. Depende de mostrar un estilo de vida, un cuerpo o un consumo para retener ojos. Es un modelo frágil. Si mañana Instagram decide que ya no muestra cuerpos sino texto (como intentó con Threads), la vitrina se rompe. El "Influencer" es un empleado no remunerado de la plataforma; trabaja gratis generando contenido para que Zuckerberg venda publicidad.
El Modelo del Creador (Casos de Éxito Globales)
Miremos hacia Silicon Valley o los ecosistemas Indie Hacker de Europa. Allí, la figura no es el "Influencer", es el Creador Propietario. Gente como Naval Ravikant o Pieter Levels no buscan que los mires a ellos; buscan que mires lo que construyen.
- No piden atención, la ganan: Crean software, escriben libros, o auditan sistemas.
- No viven del 'canje': Viven de vender productos propios o servicios de alto valor (High-Ticket).
- Son dueños de la infraestructura: Tienen sus webs, sus listas de email y sus servidores.
Aplicando el Éxito al Entorno Local
¿Qué pasaría si aplicáramos esta mentalidad en Medellín? En lugar de tener 5,000 jóvenes intentando ser virales bailando reguetón, tendríamos 5,000 jóvenes documentando cómo programar en Python, cómo auditar la gestión pública o cómo crear empresas de agricultura tech en los corregimientos.
La ciudad no necesita más entretenimiento vacío. Necesita Capital Intelectual. Necesitamos menos gente preocupada por el "Shadowban" y más gente preocupada por la Soberanía Digital.
Conclusión: Dejar de ser el Producto
La próxima vez que vayas a publicar, pregúntate: ¿Estoy construyendo un activo digital que será mío en 5 años (un artículo, un software, una base de datos)? ¿O estoy simplemente trabajando gratis para llenar el feed de una aplicación gringa?
La viralidad es vanidad. La propiedad es sanidad.